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Planeta Alternativo
En una época donde el mito del “sexo, drogas y rock n’ roll” todavía se vende como parte del paquete, hay momentos que rompen con ese guion… y este fue uno de ellos.
En pleno show, Marilyn Manson hizo algo que no es precisamente común en su carrera: detener la música, mirar al público de frente y soltar una confesión sin maquillaje. No fue un discurso armado ni una pose oscura más para alimentar su personaje. Fue directo, incómodo y, sobre todo, humano.
Manson habló de su pasado, de los años en los que el consumo era parte de la rutina —casi una extensión del escenario— y de cómo eso terminó pasándole factura. Contó una historia personal, sin entrar en glorificaciones, más bien con el tono de alguien que ya entendió el costo real de ese estilo de vida. Y luego soltó el dato que sorprendió a muchos: lleva cinco años sobrio.
Cinco años.
En el mundo del rock, eso no es poca cosa.
Porque seamos honestos: la narrativa romántica del exceso está cada vez más fuera de lugar. Lo que antes se vendía como rebeldía hoy se ve, cada vez más, como desgaste. Y no solo físico —que ya de por sí es evidente— sino mental, creativo y hasta financiero. Mantener ese ritmo no es sostenible. Es caro en todo sentido: dinero, relaciones, salud y, al final, música.
Y ahí es donde el mensaje pega.
Cada vez más artistas están entendiendo que la claridad mental no es enemiga del rock, sino todo lo contrario. Que para sostener una carrera —y no solo una imagen— hace falta estar presente. Porque no importa cuánta actitud tengas: si estás perdido en el consumo, la música lo termina pagando.
No es casualidad que varias figuras del género hayan optado por la sobriedad en los últimos años. No es una moda, es supervivencia. Es darse cuenta de que el mito funciona mejor en pósters que en la vida real.
Lo de Manson no fue un acto de redención pública ni un intento de limpiar su imagen. Fue algo más simple y más potente: reconocer que cambiar es posible, incluso dentro de un mundo que históricamente ha celebrado lo contrario.
Y quizás ahí está el verdadero acto rebelde hoy en día.
No en destruirte, sino en mantenerte de pie.
Porque al final, la pregunta no es qué tan lejos podés llevar el exceso… sino cuánto tiempo podés seguir creando cuando decidís dejarlo atrás.
Escrito por La Rock FM 22
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